¿Cómo estoy hoy?

Hoy me siento como cuando vas al fisio y al día siguiente no te puedes mover.
Ayer fui a terapia y, pese a que en ese momento la sesión no fue de las más intensas, llevo removida desde entonces.
Y quizás un poco culpable.
Tocar la herida implica mucho dolor y mucho de darte cuenta del daño que, a causa de ella, has podido hacer a otras personas. Aunque haya sido sin querer.
Y ya está hecho, pero ahora toca masticar la culpa.
Como decía al principio, solemos validar el dolor físico que sigue al día posterior del fisio. Pero, ¿qué pasa con el dolor emocional?
Con el dolor interno. Ese que me provoca lágrimas, malestar y un pellizco en el estómago.
Ese que es un poco inevitable, mío, de nadie más.
Pero que también necesita ser visto, validado, expulsado y comprendido.
Para poder limpiar.
Para poder sanar.
Y a veces me cuesta reconocerme en ese papel de paciente.
Vulnerable.
La que está al otro lado.
Validarme como tal a mí misma.
Permitirme ser humana.
Dejarme fluir y dar paso a lo de dentro, a mis emociones.
A lo que soy.
Sin corazas.
Sin máscaras.
Yo.




Deja un comentario