Cuando el cuerpo grita lo que tú no te atreves a decir: hablemos de estrés

A veces el estrés no llega como una gran explosión.
Llega silencioso, disfrazado de rutina.
De ese “tengo que” constante.
De la lista interminable.
De esa sensación de estar cumpliendo… pero sin habitarte.


El estrés no siempre grita. A veces solo te apaga.

🔸 Te desconectas de lo que te gusta.
🔸 Respondes en automático.
🔸 Te cuesta dormir, o te despiertas y ya estás corriendo mentalmente.
🔸 Lo haces todo… menos preguntarte cómo estás tú.

Y ahí está el peligro: en que aprendes a funcionar dentro del malestar, como si fuera normal.


No lo es. Estar bien no debería sentirse como un lujo.

Vivimos en una cultura que premia la productividad, incluso en lo emocional.
Pero estar en paz no se mide por cuánto haces, sino por cómo te sientes mientras lo haces.
Y si tu cuerpo y tus emociones te están pidiendo un alto…
No es debilidad. Es sabiduría.


¿Y si hoy decides parar un momento y respirar?

Un solo minuto.
Un “cómo estoy” sin juicio.
Una mano en el pecho.
Un recordatorio: “No tengo que poder con todo.”

Eso también es autocuidado.
Eso también es valentía.


¿Te resuena? Entonces quizás es el momento de acompañarte diferente.

🌿 A veces el primer paso es dejar de hacerlo sola.
Ya sea a través de un taller, una sesión, una comunidad que te recuerde que mereces estar bien.

Tu bienestar también cuenta. Tu calma también importa. Tú también. 💛

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