Nos han hecho creer que la autoestima es sonreír al espejo, decir afirmaciones positivas y vestirse con seguridad.
Y sí, todo eso puede formar parte.
Pero la autoestima real empieza mucho antes de que te pongas los zapatos.
Empieza en cómo te hablas cuando te equivocas.
En si te das permiso para descansar.
En cómo te tratas en los días grises, esos en los que ni el moño sale bien.
Autoestima no es sentirte bien todos los días. Es no abandonarte cuando no lo estás.
Es poder mirarte con ternura incluso cuando no logras todo lo que te propones.
Es poner límites sin culpa, priorizarte sin explicaciones, reconocerte sin necesidad de aplausos.
Es dejar de exigirte ser perfecta para sentir que mereces descanso, amor o un poco de silencio.
💛 La autoestima no se nota tanto en tu maquillaje como en tu monólogo interno.
¿Y si te preguntaras hoy: cómo me estoy tratando?
Porque muchas veces no necesitas una solución.
Solo necesitas una pausa, una pregunta, un espacio que te devuelva a ti.
Así empieza la reconstrucción.
Con honestidad, con pequeños actos de autocuidado emocional, con decisiones que te eligen a ti.
Y si en ese camino necesitas apoyo, herramientas, un acompañamiento amoroso, aquí estoy.
Con talleres, sesiones, espacios para que vuelvas a reconocerte.
No para ser alguien distinta, sino para volver a ti con más verdad.
Te abrazo.




Deja un comentario