Cómo aplicar la disciplina positiva

Si te dieran un euro por cada vez que has dicho «¡Por favor, hazme caso!» o «¡Te lo he dicho mil veces!», seguramente ya tendrías suficiente para una escapada a un hotel con spa y desayuno incluido. Pero en lugar de eso, aquí estás: repitiendo las mismas instrucciones como si fueras un disco rayado y preguntándote cómo narices se aplica la disciplina positiva sin acabar gritando como una loca.

Tranquila, no eres la única. Criar con respeto suena maravilloso en la teoría, pero en la práctica… uff. A veces, la paciencia tiene más fugas que un globo viejo, sobre todo cuando tu peque decide que ponerse los zapatos es una batalla de tres horas o que lavarse los dientes es opcional.

La buena noticia es que es posible aplicar la disciplina positiva sin perder los nervios. No, no significa dejar que tus peques hagan lo que quieran, ni tampoco ser la «amiga» de tus hijos. Se trata de educar desde la conexión, la firmeza y el respeto mutuo. ¿Lista para dejar los gritos atrás y convertir tu casa en un espacio de cooperación (o al menos, de menos caos)? ¡Vamos a ello!


Primero, ¿por qué los gritos NO funcionan?

Seguro que alguna vez has levantado la voz y, en el momento, ha parecido funcionar: tu hijo se quedó quieto, dejó de hacer lo que estaba haciendo o te miró con cara de “ups, mejor me calmo”.

Pero aquí está el truco: los gritos pueden lograr obediencia momentánea, pero no enseñan habilidades a largo plazo.

🔹 Un peque que obedece por miedo no está aprendiendo a autorregularse, solo a evitar el castigo.
🔹 Con el tiempo, los gritos pierden efecto, y necesitas subir el volumen cada vez más para que te hagan caso.
🔹 Y lo peor: cuando gritamos, nos desconectamos de nuestros peques. En lugar de sentirse comprendidos, sienten miedo o resentimiento.

Si queremos criar niños que nos escuchen porque nos respetan y confían en nosotros (y no porque temen el regaño), necesitamos otra estrategia.


5 estrategias para aplicar la disciplina positiva sin perder la paciencia

1️⃣ Conéctate antes de corregir

Imagina que tu pareja llega a casa y, sin saludarte, te suelta: «¿Otra vez dejaste los platos sin lavar?» 🤯 ¿Cómo reaccionarías? Pues así mismo se siente un niño cuando solo le damos órdenes sin conectar primero.

Antes de pedir algo, asegúrate de conectar con tu hijo. Un toque en el brazo, mirarlo a los ojos, llamarlo por su nombre.
✔ Asegúrate de que te está escuchando antes de empezar a hablar. Si está concentrado en su juego, agáchate a su nivel y entra en su mundo un momento antes de pedirle algo.


2️⃣ Menos discursos, más acción

Si tu hijo tiene menos de 10 años, su capacidad de atención es aproximadamente la de un pez dorado en TikTok. Si después de la tercera advertencia sigues dando explicaciones, ya se desconectó hace rato.

Menos palabras, más acciones concretas. En vez de decir “Te he dicho mil veces que recojas los juguetes”, simplemente pon una caja cerca y empieza a recoger con él, dándole una instrucción clara: “Vamos a guardar juntos los juguetes en esta caja.”
✔ Si una conducta se repite, usa una consecuencia lógica en lugar de un sermón infinito.


3️⃣ Usa el humor como herramienta secreta

A los niños les encanta jugar, y muchas veces conseguimos más cooperación con una sonrisa que con una orden. Si te encuentras en una batalla de poder, prueba a convertir la situación en un juego.

Convierte la tarea en un reto: “A ver quién se pone el pijama más rápido, ¿tú o yo?”
Haz que el objeto cobre vida: “Señor Cepillo de Dientes está triste porque nadie quiere jugar con él.”


4️⃣ Firmeza + empatía: la fórmula mágica

La disciplina positiva no es permisividad. Ser empático no significa que dejes que tu hijo haga lo que quiera. Se trata de ser firme con los límites, pero amable en la manera de comunicarlos.

Valida sus emociones, pero mantén la norma.
Dale opciones dentro de los límites.


5️⃣ Cuida tu propia paciencia (porque no eres un robot)

Si queremos criar sin gritos, tenemos que trabajar primero en nuestro propio autocontrol. Es imposible ser una madre o un padre paciente si estamos agotados, frustrados o sin tiempo para nosotros mismos.

Cuando sientas que estás perdiendo la paciencia, PAUSA. Respira, cuenta hasta 10, sal de la habitación si es necesario.
No intentes corregir cuando estás en modo «mamá volcán». Es mejor decir: “Estoy muy molesta ahora. En cinco minutos hablamos sobre esto.”


Conclusión: Educar con respeto SÍ es posible (y cambia vidas)

Criar con disciplina positiva no significa que nunca te desesperes, pero sí significa que poco a poco construyes un ambiente familiar más armonioso, con menos gritos y más conexión.

Lo mejor de todo: cuando educamos desde la paciencia y el respeto, nuestros hijos aprenden a hacer lo mismo con los demás. Es un regalo que durará toda la vida.

Y si sientes que a veces necesitas apoyo para implementar estos cambios en casa, yo estoy aquí para ayudarte.

📩 Reserva una sesión de coaching familiar y transforma tu relación con tus peques.

👉 Comparte este artículo con esa mamá que también necesita un poco más de paciencia en su vida. 😅

Deja un comentario