Cómo encontrar tiempo para el autocuidado 🧘‍♀️ sin sentir culpa

Ser madre es maravilloso, sí. Pero también es agotador, caótico y, a veces, parece que el concepto de tiempo para mí es un mito, como los unicornios o los calcetines que salen de la lavadora emparejados.

Entre preparar desayunos, apagar incendios emocionales, trabajar, gestionar tareas del hogar y, oh sí, intentar recordar qué se siente dormir ocho horas seguidas, el autocuidado parece quedar en último lugar. Y si un día logras robarte 15 minutos para un baño relajante, ahí está ella, esa vieja conocida: la culpa.

Pero, ¿y si te dijera que cuidar de ti no solo es posible, sino necesario? Vamos a desmontar ese sentimiento de culpa y a encontrar estrategias para que puedas incluir el autocuidado en tu vida sin que tu familia se resienta (ni tu conciencia).


El mito de la madre sacrificada (y por qué nos está fastidiando la vida)

La sociedad nos ha vendido durante siglos la imagen de la “súpermamá todoterreno”: esa mujer que lo da todo por su familia, que está siempre disponible, que se desvive por sus peques y que nunca, jamás, se queja. ¿El problema? Que este modelo es absolutamente insostenible (y agotador).

Piénsalo: ¿alguna vez has escuchado decir “Wow, qué increíble papá, se sacrificó al 100% por su familia y dejó de lado su bienestar”? No, ¿verdad? Porque a ellos no se les exige eso. Sin embargo, a nosotras sí.

La realidad es que una mamá agotada, estresada y sin tiempo para sí misma NO es una mejor madre. Al contrario: el cansancio y la falta de autocuidado terminan generando irritabilidad, ansiedad y hasta enfermedades físicas.

Así que, amiga, te lo digo con cariño y con firmeza: no eres egoísta por priorizarte. Eres inteligente.


Cuando la madre está bien, la familia también lo está

Piensa en ti como una batería recargable. Cuando te das tiempo para hacer algo que te gusta, descansar o relajarte, tu batería se carga. Y eso te permite ser una mamá más presente, paciente y amorosa.

¿Te ha pasado que, después de una tarde para ti (sí, esa que ocurre una vez al año), vuelves con más ganas de jugar con tus peques, más tolerancia a sus dramas existenciales y hasta un poquito de energía extra? Pues ahí tienes la prueba: cuidarte no solo te beneficia a ti, sino también a tu familia.

Y no, no necesitas desaparecer una semana en un retiro de silencio (aunque suena tentador). Vamos con soluciones realistas.


5 estrategias para incluir el autocuidado sin descuidar la familia (ni sentir culpa en el proceso)

1️⃣ Cambia el chip: autocuidado NO es opcional

Si sigues viéndolo como un lujo o un premio que te das solo cuando todo lo demás está hecho (spoiler: nunca lo está), siempre lo postergarás. Haz del autocuidado una prioridad, igual que cualquier otra necesidad básica.

🔹 Ejemplo práctico: En vez de pensar “Si tengo tiempo, haré algo para mí”, empieza a decir “Voy a bloquear este momento para mí, igual que lo haría con cualquier otra cita importante”.


2️⃣ Hazlo parte de tu rutina diaria

No necesitas tres horas al día para cuidar de ti (ojalá, pero seamos realistas). Empieza con pequeños momentos que se integren en tu día.

🔹 Ejemplo práctico:
✔ Pon una alarma para tomar 5 minutos de respiración consciente antes de empezar la jornada.
✔ Escucha un podcast mientras haces tareas domésticas.
✔ Baila una canción antes de recoger a tus peques del cole.

Lo importante es que sea algo tuyo, que te recargue y que puedas mantener a diario.


3️⃣ Pide ayuda (y sin sentirte mal por ello)

Si tu pareja puede quedarse con tus peques, déjalo. Si puedes delegar tareas del hogar, hazlo. Si alguien te ofrece ayuda, acéptala sin el famoso “no te preocupes, yo puedo sola” (que todas hemos dicho).

🔹 Ejemplo práctico:
✔ Establece turnos con tu pareja para que cada uno tenga su rato de descanso.
✔ Acuerda con una amiga hacer intercambios de tardes con los niños para que ambas tengan un momento libre.

Eres una gran madre, pero no eres una superheroína. (Y aunque lo fueras, hasta los superhéroes tienen días libres).


4️⃣ Suelta la culpa: nadie se muere porque te tomes 30 minutos

Esa vocecita en tu cabeza que te dice “deberías estar haciendo algo productivo” es una mentirosa profesional.

🔹 Ejemplo práctico: Cuando empieces a sentir culpa, recuérdate esto:
«Cuidarme me hace mejor madre, no peor.»
«Merezco descanso y disfrute, igual que todos los demás.»
«Si no me priorizo yo, nadie lo hará por mí.»

Y repítelo hasta que se te grabe.


5️⃣ Ten un plan de emergencia para días caóticos

Hay días en los que todo se descontrola y el autocuidado parece imposible. Para esos días, ten preparadas opciones rápidas.

🔹 Ejemplo práctico:
✔ Una playlist de música que te relaje o te haga bailar.
✔ Una lista de series o videos cortos que te hagan reír.
✔ Un kit de “escape express” con tu té favorito, una vela aromática y auriculares con cancelación de ruido (porque la paz mental empieza en los oídos).

El autocuidado no es un evento, es una práctica diaria. Y cuando lo conviertes en un hábito, tu bienestar mejora… y el de toda tu familia también.


Conclusión: Eres una prioridad (y es hora de actuar como tal)

La culpa no te ayuda, pero el autocuidado sí. Empieza poco a poco, sin excusas y sin sentir que necesitas «ganártelo». Porque cuidarte no es un capricho, es una necesidad.

👉 Comparte este artículo con esa amiga que siempre dice “no tengo tiempo para mí” (y dale un empujoncito amoroso para que lo haga). 😉

Deja un comentario