Háblale a tu peque de la muerte, te cuento cómo

Hablar de la muerte con los peques puede ser uno de los temas más difíciles de abordar, pero también es una oportunidad para enseñarles sobre la vida, las emociones y la importancia de expresar lo que sienten. Los niños tienen una forma única de entender el mundo, y nuestras palabras pueden guiarlos con empatía y sinceridad en estos momentos sensibles.

Adaptando la conversación según su edad

Los niños pequeños, de entre 3 y 6 años, suelen ver la muerte como algo temporal. Una explicación sencilla puede ser: “Cuando alguien muere, su cuerpo deja de funcionar y no volveremos a verlo, pero siempre lo recordaremos en nuestro corazón.”
Para niños mayores, puedes ser más específico: “La muerte es parte de la vida. Todos los seres vivos tienen un ciclo, y aunque nos duele, es algo natural.”

Claves para responder preguntas difíciles

  • Sé honesto: Si no tienes todas las respuestas, está bien decir: “No lo sé, pero podemos aprender juntos.”
  • Evita los eufemismos: Decir “se ha ido” o “está durmiendo” puede confundirlos. Hablar con claridad ayuda a que comprendan mejor la situación.
  • Escucha activamente: Antes de responder, da espacio para que expresen lo que sienten o lo que entienden.

Acompañando las emociones del duelo

Cada peque procesa el duelo de manera diferente. Algunos pueden llorar, otros hacer preguntas una y otra vez, o incluso parecer indiferentes. Acompáñalos con paciencia y valida lo que sienten diciendo cosas como: “Es normal estar triste. Yo también lo estoy, pero aquí estoy para abrazarte.”

Además, crea rituales significativos: un dibujo, una carta o plantar algo en honor a la persona que ha fallecido puede ayudarles a expresar lo que sienten.

Más herramientas en nuestro podcast

Este tema es tan profundo que en nuestro último episodio del podcast exploramos aún más consejos y herramientas para acompañar a los niños en este proceso con Alba Quilimaco, psicóloga clínica.

Escúchalo hoy mismo y descubre cómo abordar este tema de manera respetuosa y amorosa!

Un abrazo,

Laura!

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