Hoy quiero hablarte de dónde ponemos el foco cuando tenemos un conflicto con alguien: nuestra pareja, un compañero de trabajo, un familiar, una amiga, nuestros peques…
En medio de los conflictos y desacuerdos que surgen en nuestras relaciones, a menudo nos encontramos mirando hacia afuera, señalando con el dedo y culpando a la otra persona por lo que nos molesta o nos hiere.
Cambiar el foco en los conflictos implica un acto de valentía y autoconciencia.
Podemos identificar nuestras propias vulnerabilidades, miedos y necesidades subyacentes que pueden estar impulsando nuestra reacción ante el conflicto. Reconocer estas vulnerabilidades nos brinda la oportunidad de abordarlas de manera constructiva, ya sea trabajando en el desarrollo de nuestra autoestima, estableciendo límites saludables o practicando la comunicación asertiva.
Al comprender mejor nuestras propias luchas internas, estamos más capacitadas para reconocer y validar las experiencias y emociones de los demás.
Personalmente, para mí ha sido revelador y enriquecedor incorporar el foco en mí misma y no tanto en las otras personas en cualquier ámbito.
Y tú, ¿Dónde ponemos el foco?
Un abrazo,
Laura!




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